
En esta Semana Santa me he dedicado a comer y hacer excursiones a nuestros paraísos cercanos. A veces no hace falta irse muy lejos para encontrar rincones lluviosos, carreteras serpenteantes, caminos que discurren por desfiladeros, bosques sacados de Twin Peaks, acantilados vertiginosos, capillitas al lado del mar, playas pedregosas, paisajes de la campiña inglesa, faros en el fin del mundo, sendas idílicas, el color del mar nublado, el color del mar soleado, miradores del infinito, sensaciones de estar muy lejos.... Sin contar con nuestras charlas en el coche, nuestros discos petarderos (y no tanto) o nuestra ruta gastronómica ( ay! esa báscula).
En definitiva, una gran Semana Santa sin necesidad de hacer grandes dispendios.
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