viernes, 6 de marzo de 2009

Odio la gimnasia

Me cuenta mi prima que en clase de educación física hacen una cosa muy rara llamada acrosport (mezcla de coreografías con acrobacias). Ahí es nada. Me pregunto si eso es una clase de gimnasia o el casting para el Circo del Sol...Menos mal que no me ha pillado en esta época porque con mis habilidades hubiera sido una auténtica catástrofe.
Esto me recuerda a lo mucho que odiaba las clases de educación física en el colegio. Envidiaba a aquellos que por diversas razones no podían practicar deporte. Deseaba fervientemente ser ellos. Durante años supliqué a mis padres para que buscaran (y sobornaran) a algún médico que me declara inútil para la clase de educación física. Aquello nunca llegó.
Siempre consideré esa hora semanal una mezcla de estupidez e inutilidad. Ni servía para adelgazar, ni para mejorar las capacidades físicas, ni siquiera para divertirse (al menos en mi caso). Como mucho cuando teníamos que correr los 100 metros todos al unísono me sentía como en un campo de concentración, alienados cual borregos. Quizá sea esa la oscura finalidad de la asignatura.
Lo mejor del asunto es que sé que los profesores de gimnasia me acababan odiando sistemáticamente año tras año. Esto era debido a que yo era vaga, apática y no mostraba ningún interés ni por aprender ni por mejorar. Sin embargo, a pesar de mi pasividad y de mi manifiesta falta de ganas, todos, absolutamente todos los profesores de gimnasia me acababan aprobando.Al empezar el curso tanto ellos como yo sabíamos que acabaría obteniendo el suficiente, por mucho que ellos se resistieran. ¿Que por qué?, pues porque fui la típica niña estudiosa, amante de los libros, de la tranquilidad de la silla y del noble arte de la atención (o de su fingimiento) en el resto de las materias. La consecuencia era que obtenía buenas notas, con lo que al final del curso los profesores de gimnasia no podían dejar una mancha en mi inmaculado expediente dándome el suspenso que me merecía. La presión era demasiada. Así que siempre conseguía el 5.
De esta manera estuve hasta que llegué a COU y logré librarme de tan fastidiosa hora. Después no he pisado jamás un gimnasio, soy alérgica al deporte y ni siquiera tengo un chandal.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No te dejes llevar por las manías que tenías de niña. Deberías probar a hacer algo de ejercicio, quizás te gustase ahora, de mayor. Para empezar puedes hacer lo que te apetezca, mientras que entonces lo hacías obligada.

Y si no te ha convencido lo anterior, entonces te daré más armas para que mantengas tus ideas:

Un profe de gimnasia es un tío que a los 17 años decidió pasar el resto de su vida en el patio del colegio. Viéndolo así es difícil tomárselos en serio.

 
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