
La semana pasada pude ver el estreno en Canal + de la laureada Mad Men y, de momento, ha cumplido mis expectativas. La serie habla del siempre intrincado mundo de la publicidad y está ambientada en el Nueva York de los años 60, en plena época de la Caza de Brujas soterrada bajo la eclosión del consumismo.
Posee una factura impecable, más cerca del cine que de la tele, sólidos personajes y un guión interesante.
Creo que merecerá la pena.
Además, para los que no ejercemos la profesión publicitaria en Madison Avenue sino en una humilde oficina de cualquier ciudad de mundo, resulta fascinante ver cómo hace 50 años los estadounidenses se encontraban tan sumamente avanzados en cuanto a tecnología, conceptos publicitarios y métodos de investigación cuando aquí todavía estábamos en pañales.
Mad Men es el término con el que los publicitarios neoyorkinos se autodefinieron en un ejercicio de ironía para dar la razón a todos aquellos que les acusaban de pretender manipular a la Humanidad por la vía de la persuasión. En su favor, y en el de nuestro oficio en general, diré que las cosas han cambiado desde la realidad que muestra la serie y en la actualidad las mujeres predominan en el sector (ya no somos sólo lindas secretarias tal como muestra Mad Men), se respeta infinitamente la inteligencia del consumidor a la hora de diseñar campañas y existe una severa legislación profesional en la cual, ante la duda, el culpable siempre es el anunciante/agencia.
En definitiva, serie muy recomendable para todos los públicos.

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