
Hace pocas semanas Coldplay nos regalaba el primer single de su último disco a través de Internet, siguiendo el ejemplo iniciado hace unos meses por Radiohead. Ambas iniciativas han sido un éxito, lo que demuestra que a la gente le sigue gustando la música pero ahora la obtiene por otros medios.
Esto me sirve para hablar de la piratería, Internet (hasta ahora poco menos que el Demonio para el negocio musical) y de la gran demagogia que se ha hecho con estos temas.
Todas las campañas antipiratería han fracasado ya que no han calado entre la sociedad. Un gran número de internautas confiesan descargarse música gratis de Internet, no lo consideran un delito y, desde luego, no lo equiparan a robar un bolso o un coche tal como nos pretendieron transmitir a través de un insufrible anuncio que vimos durante meses en los cines y en la tele.
Creo que una de las razones fundamentales por la que las campañas no han sido efectivas es que se han enfocado mal. Todas las apariciones públicas estaban protagonizadas por cantantes/grupos que, con sus trajes de Versace y su moreno de Ibiza, nos decían que la piratería era una forma de delincuencia ya que producía el hundimiento de la industria musical. Semejante imagen sólo podía provocar el rechazo entre los consumidores que, estupefactos, recibían el mensaje de que tenían que gastarse religiosamente sus 20 € en un disco para que los señores que les hablaban pudieran mantener su nivel de vida. Si no lo hacían así serían considerados como el peor de los delincuentes. Sé que esto puede sonar a exageración pero el fondo de la cuestión es que si en la palestra no se hubieran puesto los artistas sino los humildes empleados de las discográficas, esos que realmente necesitan que la industria no se hunda porque tienen que pagar la hipoteca y llegar a fin de mes, quizá el público hubiera sentido verdadera solidaridad hacia la causa.
No se puede pretender que el currito de a pie se siga gastando cantidades ingentes de dinero, se le acuse de ladrón y encima se pretenda que no acuda a la gratuidad de los infinitos contenidos de la Red.
La música está condenada a reinventarse, por mucho que algunos quieran resistirse. No digo que lo ideal sea la política del "todo gratis", porque todo el mundo tiene derecho a vivir de su trabajo, pero es inevitable el hecho de que los grupos tienen que buscar nuevas formas de financiación, distribución y promoción, perfilándose Internet como el mejor canal tanto para los nuevos creadores como para los ya consolidados.
Posiblemente los márgenes de beneficio disminuyan, pero ¿acaso estaba justificado hasta ahora el precio de los discos?, ¿ era el equitativo o sólo estaba concebido para enriquecer a unos cuantos intermediarios?
No creo que U2 se vaya a ir a la ruina por culpa de Internet y para principiantes como mi prima, que con 16 años tiene un grupo musical, es una estupenda plataforma de lanzamiento.
Los artistas son los creadores de este mundo así que les invito a que utilicen su genio para reinventarse y diseñar nuevas formas de hacer llegar sus obras al público (vender los singles por separado a través de la Red o rebajar significativamente el precio de los discos)
En conclusión, nadie puede parar ya la revolución que se nos avecina y gente como Coldplay han decidido unirse a ella.

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