
Recientemente he ido a ver la última peli de Al Pacino 88 minutos. Me gasté algo más de 6 € únicamente para comprobar con horror cómo Pacino ha perdido el norte cinematográficamente hablando. Se trata de un film aburrido, mal construído, con personajes vacíos, diálogos absurdos y un final tan rebuscado que parece tratar al espectador como si fuera tonto y no hubiera visto miles de películas de suspense con verdaderos grandes desenlaces.
No sé muy bien las razones por las que un mostruo de la interpretación como Pacino pudo elegir un guión así, pero todo apunta a la cartera más que al corazón o al intelecto.
El verdadero y trágico problema es que Pacino lleva ya muchos años sin hacer películas realmente interesantes. Las últimas que me emocionaron fueron Insomnio (2002) del siempre profundo Christopher Nolan y El Dilema (Michael Mann) allá por el lejanísimo año 1999.
De todas maneras, quedan ya muy atrás en el tiempo auténticas obras maestras como Atrapado por su pasado, la trilogía de El Padrino, Tarde de Perros o Sérpico (por cierto, esta última guarda grandes similitudes con la trama de corrupción policial de Coslada)
Y ya que estamos nostágicos por la integridad artísitica perdida, también me referiré a otro caso sangrante como es el de Robert De Niro, otro gran actor que no ha hecho ninguna producción destacable desde tiempos casi inmemoriales, exactamente desde que realizó Casino en 1996 con su antaño director fetiche Martin Scorsese. No tengo muy claro el motivo por el que no han vuelto a trabajar juntos pero algo me dice que al director neoyorquino no le vuelve loco ese cariz que ha tomado últimamente la carrera de De Niro, la cual oscila entre la comedia algo ramplona, la acción chusca y el terror adolescente.
Ay!qué fue de los tiempos de Toro Salvaje, El Padrino II, Taxi Driver o, incluso, la efectista El Cabo del Miedo, por nombrar sólo algunas joyas que al cine ha dado este intérprete.
Es triste y doloroso comprobar cómo dos de los mejores actores del siglo XX, con inmensa personalidad interpretativa y que han contribuido a hacer mejor al cine norteamericano con películas subyugantes, atractivas y emocionantes, acaban aburguesados haciedo cosas más propias de principiantes con ganas de forrarse.
En definitiva, será mejor quedarnos con esa gran y única actuación que Pacino y De Niro protagonizaron juntos en Heat (Michael Mann, 1995) como recuerdo de tiempos artísticos mejores (ver foto arriba)

![Validate my Atom 1.0 feed [Valid Atom 1.0]](valid-atom.png)
No hay comentarios:
Publicar un comentario