No es mi intención en este humilde blog el solucionar los graves problemas que asolan a la Humanidad, pero sí me gustaría hablar sobre los biocombustibles y su supuesta relación con la crisis alimentaria actual:
Llevamos unos cuantos días oyendo hablar incesantemente en los medios de comunicación acerca de la citada crisis motivada por el aumento del precio de los cereales, lo cual conducirá a la hambruna de millones de personas. El verdadero escándalo no es tanto éste como que en el siglo XXI el problema del hambre en el mundo siga existiendo, cuando a este lado de la Tierra vivimos en una abundancia a veces casi obscena.
Ahora los gobiernos y los organismos internacionales culpan de esta escalada a los biocombustibles, lo cual resulta paradójico teniendo en cuenta que hasta hace poco nos los vendían como la solución a la dependencia del petróleo y a la contaminación ambiental. Resulta tendencioso reducir el problema de la subida de precios a la fabricación de biocombustibles ya que éste tiene diversos orígenes (aumento del consumo alimentario en países emergentes, el crecimiento imparable del precio del petróleo, las malas cosechas motivadas por el cambio climático, los especuladores que compran grandes cantidades de cereal para provocar la escasez y obtener así mayores ganancias)
Sin querer alimentar ninguna teoría de la conspiración, diré que se libran demasiadas guerras en el mundo en torno al petróleo como para que aquellos que controlan el oro negro se queden tan tranquilamente recostados en sus sillones contemplando como su negocio se va mermando debido a otras alternativas energéticas.
Por tanto, la demonización de los biocombustibles me suena a campaña de desprestigio orquestada por intereses ocultos no interesados en desarrollar verdaderamente esta nueva forma de energía.
Llevamos unos cuantos días oyendo hablar incesantemente en los medios de comunicación acerca de la citada crisis motivada por el aumento del precio de los cereales, lo cual conducirá a la hambruna de millones de personas. El verdadero escándalo no es tanto éste como que en el siglo XXI el problema del hambre en el mundo siga existiendo, cuando a este lado de la Tierra vivimos en una abundancia a veces casi obscena.
Ahora los gobiernos y los organismos internacionales culpan de esta escalada a los biocombustibles, lo cual resulta paradójico teniendo en cuenta que hasta hace poco nos los vendían como la solución a la dependencia del petróleo y a la contaminación ambiental. Resulta tendencioso reducir el problema de la subida de precios a la fabricación de biocombustibles ya que éste tiene diversos orígenes (aumento del consumo alimentario en países emergentes, el crecimiento imparable del precio del petróleo, las malas cosechas motivadas por el cambio climático, los especuladores que compran grandes cantidades de cereal para provocar la escasez y obtener así mayores ganancias)
Sin querer alimentar ninguna teoría de la conspiración, diré que se libran demasiadas guerras en el mundo en torno al petróleo como para que aquellos que controlan el oro negro se queden tan tranquilamente recostados en sus sillones contemplando como su negocio se va mermando debido a otras alternativas energéticas.
Por tanto, la demonización de los biocombustibles me suena a campaña de desprestigio orquestada por intereses ocultos no interesados en desarrollar verdaderamente esta nueva forma de energía.
Creo que con una planificación adecuada y unas medidas valientes, podrían destinarse cultivos a la fabricación de combustibles, sin tener que perjudicar a aquellos dedicados a la alimentación. Pero, claro, una no es economista y no trabaja en en la ONU, el FMI, el BM, la OMC... o cualquiera de las grandes instituciones que tendrían la solución en su mano.

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