miércoles, 10 de noviembre de 2010

Capitalismo: Una historia de amor

He visto Capitalismo: Una historia de amor del siempre controvertido Michael Moore. Trata, de forma algo deslabazada para mi gusto, sobre los males del capitalismo. Igual mezcla el desahucio de una familia con la quiebra de Lehman Brothers. Aunque no deja de tener algo de demagogia (pinta Europa como una especie de paraíso soñado) creo que retrata bastante bien en lo que ha consistido el sueño americano (el crecimiento de su industria a costa de otros países, el fomento del consumo desaforado, la falta de humanidad) y cómo a los neoconservadores (partidarios de la no intervención del Estado) les faltó tiempo para exigir el dinero público estadounidense para salvar a los bancos (el famoso bailout del que aún tengo dudas de que fuera tan imprescindible).
El caso es que, a la hora de la verdad, cuando llega alguien como Obama con verdaderas ganas de cambiar las cosas, le dan el varapalo electoral que pone en serio riesgo la viabilidad de las reformas financiera y sanitaria (alguien debería decirle a los norteamericanos que no es malo que la gente no se vaya muriendo por las esquinas debido a la imposibilidad de pagarse un seguro).
Pero no hace falta irse tan lejos para ver cómo el capitalismo funciona con diferentes reglas según las circunstancias. Véase el escandaloso acuerdo al que han llegado los partidos políticos con sorprendente consenso decidiendo el rescate de las concesionarias de autopistas (ACS, Acciona y compañía). Resulta que se han construido diversas carreteras (entre ellas las radiales madrileñas) que son una ruina debido a la falta de usuarios. Ahora hay que salvarlas.
La noticia ha tenido un extraño escaso eco. Quizá sea porque se da la vergonzosa circunstancia de que el Estado va a compensar el déficit por la falta de tráfico y a avalar créditos varios (¿pero no estábamos en crisis?, ¿no había que practicar la austeridad?). Todo sea porque los bancos y las constructoras no vayan a la quiebra. Además, los señores del ladrillo amenazan con que el Estado (o sea, todos nosotros) asumamos su deuda en caso de quiebra (unos 5.000 millones de euros). Estas cosas nunca son gratis, así que, como ya se hizo en anteriores capítulos de la serie "Rescates", seguro que de aquí a unos meses veremos más recortes sociales. Nos tendremos que fastidiar millones de españoles para salvar a cuatro gatos.
Repito, sigo sin entender la poca repercusión que ha tenido el tema en los medios. ¿Quizá sea por miedo a manifestaciones a las puertas del Congreso? Porque el asunto las merece.

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