Una ola de puritanismo nos asola. Si no, cómo se explica todo el revuelo formado a cuenta de las infidelidades de personajes como Tiger Woods o John Terry. Que no digo yo que esté bien que se dediquen a engañar a sus respectivas mujeres ( las cuales podemos llegar a comprender en arrebatos de ira como el que le dio a esposa de Woods con palo de golf en mano). Sin embargo,¿ justifican sus pecados privados el hecho de que se estén viendo afectados en su vida pública? ¿Por qué a Tiger le abandonan los patrocinadores?, ¿por qué a Terry le cuestionan como capitán de la Selección Inglesa?, ¿acaso de pronto son menos profesionales? Recordemos que eran igual de buenos (o de malos) cuando sus vicios no eran vox populi. ¿No estaremos fomentando la hipocresía y la doble moral?
Como ya ocurrió con Clinton en su día, soy de las que digo que los personajes famosos pueden hacer lo que quieran con su vida siempre que nos sea nada ilegal. Clinton no era mejor ni peor presidente por haber tenido un lío con una becaria. Este tipo de cosas deberían de resolverse en el ámbito doméstico y no trascender más allá.Nunca entendí porqué una mujer como Hillary Clinton perdonó lo que perdonó, pero eso sólo le concierne a ella.
Me diréis que los ejemplos que pongo merecen el ostracismo por haber cometido acciones reprobables. Yo lo que digo es que más reprobable me pareció en su momento las imágenes de Kate Moss esnifando cocaína. Al principio perdió algún que otro contrato, pero a cambio ganó otros muchos y actualmente es una de las modelos más cotizadas. ¿Qué es peor?, ¿el sexo extramatrimonial o la coca? Que yo sepa sólo una de ellas es ilegal y perjudica gravemente la salud.
A pesar de todo, a la diosa de aspecto frágil y heroinómano se le perdona todo.


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