lunes, 21 de septiembre de 2009

Malditos Bastardos

Malditos Bastardos no es, como cabría esperar, una revisitación de Grupo Salvaje a cargo del autor de Pulp Fiction. Amigos, resulta que Tarantino ha madurado ( o eso parece) y se ha alejado ( o eso parece) de ese cinéfilo ex-dependiente de videoclub aficionado a homenajear en sus obras la serie Z de los 70.
Los malditos bastardos son un grupo de mercenarios judeo-americanos que se van a la Francia ocupada de la II Guerra Mundial a "cazar" nazis ( como ellos mismos afirman). Su caza no es tan salvaje, ni tan alocada, ni tan gore, ni tan cáustica como si la llevara a cabo la Uma Thurman de Kill Bill.
Sin embargo, Tarantino no escatima algunos de los sellos personales que inundan sus películas, a saber:
- El amor por el cine. Todo es cine en esta película, especialmente la espectacular escena final a modo de venganza poética.
- Los personajes arquetípicos: Atención al oficial nazi interpretado por Christoph Waltz, un auténtico "olfateador" de judíos capaz de detectarlos en los lugares más insospechados. Las escenas a su cargo son las más tensas (haciendo gala de un pulso narrativo propio de Hitchcock), por no hablar de su eterna enemiga Soshana/Melanie Laurent ( y su némesis de estética ochentera).
Paradójicamente los papeles que deberían de llevar el peso como el de Adolf Hitler o el teniente Aldo Raine ( Brad Pitt) no son los más destacables.
- La capacidad tarantiniana para crear pequeñas películas dentro de la película: Véase el desasosiego que se respira en la escena del bar donde coinciden los bastardos y los nazis ( digna de un pequeño corto sobre fatales coincidencias) o la apertura en la granja lechera, prodigios del manejo del tiempo y del espectador.
Quizá no es lo mejor de Tarantino, pero merece la pena.
Nota: 7

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