Decir que Springsteen estuvo majestuoso anoche es no acabar de reflejar realmente su actuación junto a la mítica E Street Band.
La capacidad de el Boss y sus chicos (sesentones) para trasladarte a las esencias del rock y a lo más profundo del sonido de EEUU es asombrosa. Había momentos en los que una se sentía directamente transportada a cualquier garito de Nueva Jersey.
Durante tres horas, Springsteen rememora sus grandes temas que nos han acompañado en los últimos 30 años. Para mí el éxtasis llegó cuando tocó Born in the USA, uno de los himnos de todos los tiempos.
Mención aparte merece la pésima organización. Partimos de la base de que el Monte do Gozo (pese a tan sugerente nombre) no está hecho para este tipo de macroconciertos. Si a esto le unimos que las mentes brillantes de los promotores ( Doctor Music a la hoguera!) decidieron vender más entradas de las recomendables, el resultado fueron colas interminables, esperas de varias horas para acceder al recinto, falta de personal y que, a pesar de haber pagado 70 euros por entrada hace varios meses, acabamos en el medio de un monte que más parecía el campo de la fiesta del pueblo, con la consiguiente falta de visibilidad. Que yo no pedía estar delante de Bruce, pero tampoco en al ladera de un monte que se supone no tendría que haber sido ocupado ( ver aquí).
La capacidad de el Boss y sus chicos (sesentones) para trasladarte a las esencias del rock y a lo más profundo del sonido de EEUU es asombrosa. Había momentos en los que una se sentía directamente transportada a cualquier garito de Nueva Jersey.
Durante tres horas, Springsteen rememora sus grandes temas que nos han acompañado en los últimos 30 años. Para mí el éxtasis llegó cuando tocó Born in the USA, uno de los himnos de todos los tiempos.
Mención aparte merece la pésima organización. Partimos de la base de que el Monte do Gozo (pese a tan sugerente nombre) no está hecho para este tipo de macroconciertos. Si a esto le unimos que las mentes brillantes de los promotores ( Doctor Music a la hoguera!) decidieron vender más entradas de las recomendables, el resultado fueron colas interminables, esperas de varias horas para acceder al recinto, falta de personal y que, a pesar de haber pagado 70 euros por entrada hace varios meses, acabamos en el medio de un monte que más parecía el campo de la fiesta del pueblo, con la consiguiente falta de visibilidad. Que yo no pedía estar delante de Bruce, pero tampoco en al ladera de un monte que se supone no tendría que haber sido ocupado ( ver aquí).
Por no decir que hubo gente, que según parece, se quedó fuera a pesar de tener entrada.
En fin, me quedo con la grandiosidad de Bruce. Una de esas noches que no se olvidan.
En fin, me quedo con la grandiosidad de Bruce. Una de esas noches que no se olvidan.

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