miércoles, 10 de junio de 2009

Selectividad

En estos días en los que la muchachada se enfrenta a la Selectividad, me da por acordarme (todos los años) de junio de 1999, fecha en la que tuve el honor de realizar tan temida prueba. Los acontecimientos que ocurrieron a partir de aquel verano me darían para escribir varios posts en plan crónica sentimental...
El caso es que veo a la chavalada (insultantemente joven) ilusionada por entrar en esas carreras que posteriormente les decepcionarán, apasionarán o (lo más triste) dejarán indiferentes, pero primero hay que pasar por los tres días malditos.
Recuerdo que el día anterior al inicio de los exámenes, me dio por la llantina sin motivo. Así porque sí. Quizá fue por la tensión de un año entero de COU en el que el monotema entre padres, profesores y alumnos era el EXAMEN, el cual te pintan como si fuera el mismísimo Demonio. Que si en Selectividad os vais a encontrar con esto, que si os pueden preguntar aquello, que si en el año 1990 un alumno pidió un lápiz en el examen y no se le volvió a ver... Tal parece que te preparan para el Corredor de la Muerte. Luego llegas allí y descubres que las pruebas son incluso más fáciles que cualquier evaluación del instituto.
Mi primer examen fue Filosofía y cuando me topé con que había que explicar (otra vez) a Platón y su caverna vi que aquello no podía ser tan malo.
Del resto sólo recuerdo la enorme aula, los cafés, el baile de apuntes, los corrillos de después para averiguar qué había contestado el vecino y la sensación de que la cosa no era tan terrible como nos habían contado.

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