jueves, 4 de junio de 2009

Déjame entrar

No es una película de vampiros ni una película de terror, es una hermosa historia de amor donde circunstancialmente los protagonistas son un niño y una pequeña vampiresa.
Ambientada en Suecia durante los años 80, nos narra la historia de Oskar, un niño solitario víctima de lo que hoy que hoy calificaríamos como bullying. En una de las eternas noches escandinavas, conoce a Eli, una niña que permanece en ese estado desde hace ya demasiado tiempo.
Entre ellos se establece una amistad que desemboca en los albores del amor adolescente. Tan inocente como marcado por la melancolía. Sus encuentros se producen siempre de noche en medio del paisaje nevado, tan fascinante que acaba asfixiando.
La niña, a través de la experiencia de los 12 años quizá arrastrados durante siglos, le enseña a Oskar el valor de la valentía, la lealtad y el instinto de la protección hasta las últimas consecuencia. Junto a Eli el protagonista aprende que cuando se ama a alguien se le cuida aún a costa de hacer daño a los demás. Amor llevado hasta el extremo.
Las escenas de violencia son escasas pero contundentes y frías, con una precisión de cirujano, sin acercamientos morales. Pura supervivencia animal. Este desdén contrasta con el intimismo y la poesía que desprenden los encuentros entre los niños. Nos muestran que, a pesar de todo el horror y los caminos tortuosos, al final hay esperanza.
Romántica, dura, lírica y muy triste. Esta va a ser una de las películas que hay que ver este año.

1 comentario:

ace76 dijo...

Yo la vi hace unas semanas. Al principio me desconcertó mucho, y acabé saliendo del cine impactado. Con los días me di cuenta de qué es un peliculón.

 
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