Últimamente la sensación es la de que el mundo se derrumba a nuestro alrededor. No sabemos cuándo terminará esto y la incertidumbre es total.
Una amiga mía me decía que esta es la primera crisis que vive "de verdad" nuestra generación. Es posible, ya que a principios de los 80 yo estaba demasiado ocupada jugando a los Pin y Pon para enterarme de los vaivenes del petróleo, las huelgas generales contra Felipe González o los problemas de los hijos de la Gran Bretaña con la Thatcher. En cuanto a la recesión de 1993, yo tenía 12 años y mi padre era funcionario.
Si embargo ahora, ante el miedo generalizado, mi abuela me decía el otro día:
- Dicen que hay crisis. Entonces, ¿qué era lo de nuestra época?
Los que me conocen saben que discrepo de mi abuela en infinidad de temas, pero en cuanto a esto le tuve que dar la razón.
No me quiero poner en plan moralina de Cuéntame pero es verdad que cuando nuestros abuelos eran jóvenes no iban al cine, a conciertos, a bares, a restaurantes, de copas o de escapadas de fin de semana. Esto ni siquiera se planteaba. Quizá porque no existía esa cultura del ocio pero también porque estaban demasiado atareados intentando sobrevivir. Se vivía con lo justo. Economía de subsistencia donde lo demás era superfluo.
En 2009 si salimos un sábado por la noche es cierto que se ve a menos gente, pero el lleno sigue siendo considerable. El país está muy mal, pero el espíritu festivo sigue siendo el mismo y no deberíamos de olvidar que han existido épocas peores.
Puede que nuestra ganas de fiesta sean una forma de mitigar el dolor, pero no perdamos la visión de conjunto.

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