Si cuando digo que la cola del supermercado es un sitio ideal para diseccionar la conducta humana, es porque es verdad. En nuestra nueva entrega de Historias del Supermercado, hoy os hablaré de una de las carniceras de mi barrio.
La carnicera en cuestión es una señora en sus cuarenta (como diría un inglés) con un peinado y un tinte rubio que se dejaron de llevar en 1995. El caso es que el otro día hizo un pequeño parón en sus vacaciones para visitar a sus compis de puesto y contarles que había estado dos días en un balneario. De paso aprovechó para mostrar orgullosa la foto de su nieto ( a pesar de los estragos de la edad, la mujer era demasiado joven para ser abuela, pero esa es otra historia). A medida que la ruidosa y chillona individua iba enseñando a todo el que pasaba el gracioso retrato, yo iba observando las caras de estupefacción de cuantas cajeras y reponedores se cruzaban con ella. Al final tuve la oportunidad de atisbar tan simpática instantanea objeto del jolgorio general:
Era la imagen de un niño de poco más de un año fingiendo que bebía de una botella del champán Mumm, del mismo gigantesco tamaño que las que utilizan los pilotos de F1 para celebrar las victorias (mismamente ayer vimos a mi querido Button haciendo lo mismo pero con más estilo) .
La carnicera se partía de risa. A mí nunca me ha hecho la más mínima gracia esa mezcla de niños y alcohol. Sin embargo, la abuela no parecía darse cuenta de que la gente, más que reírse por lo chistoso de la situación, parecía estar pensando en las desventajas del alcohol en la infancia.
Es que el chonismo no tiene límites por mucho que lo queramos adornar con Mumm o Moet& Chandon.

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2 comentarios:
Mujer, yo no lo veo tan grave. A lo mejor la foto es graciosa y todo.
Los niños imitan lo que ven en la tv. Asi salen de mayores algunos.
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