viernes, 9 de enero de 2009

Sueños rotos



Como hoy estamos de viernes os hablaré de que ayer estuve viendo el esperado final de Sin tetas no hay paraíso. No soy seguidora de la serie pero decidí ver los dos últimos capítulos por aquello de conocer in extremis las andanzas de El Duque.
Viendo un sólo episodio una se da cuenta de que los guionistas han creado todo un exitoso producto a base de un amalgama de detalles cinematográficos y televisivos. Por ejemplo tenemos esa voz cavernosa de El Duque (¿Vito Corleone resucitado?) o esa cabecera en la que la imagen de una pistola forma parte del título (¿homenaje a Los Soprano?). Pero sobre todo lo más cinematográfico ha sido el final en el que muere El Duque y su amada se queda sola en el mundo. ¿Existe algo a lo que recurran más las películas que el mafioso que acaba muriendo a pesar de su deseo de redimirse y vivir en algún lugar paradisiaco con el amor de su vida?
Quizá para muestra ese narcotraficante colombiano al que dispararon (con silenciador) anoche en el Hospital Doce de Octubre mientras estaba convaleciente. Es posible que también hubiera querido llevar una vida honrada y su sueño se haya visto truncado a lo Al Pacino en Atrapado por su pasado...

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