El viernes os decía que el tiempo se presentaba infernal. No creía que la frase fuera a ser tan literal. Mi plan era casa, tele y algo de comida basura tan ideal para cuando no quieres cocinar. El caso es que allí estaba Dorothy en buena compañía cuando de pronto se nos fue la luz. En un alarde de optimismo me convencí de que a lo largo de la noche recuperaríamos la corriente. Ay, cuan equivocada estaba. Encendimos velas (seré pobre pero millonaria en velas de todos los tamaños, olores y formas) y nosotros, que nos gusta imaginar fiestas donde a veces no las hay, bromeábamos sobre el aquelarre de brujas y que en 9 meses habría un baby boom (si no, veréis).
Como con algo me tenía que entretener, abrimos tímidamente la persiana y observamos la ciudad a oscuras, sólo iluminada de vez en cuando por algún incauto coche que se atrevía a cruzar en la negritud. El viento soplaba, la lluvia caía y la estampa era que como si hubiera llegado de pronto la guerra nuclear.
Así estuvimos hasta que de madrugada opté por la mejor opción en estos casos: refugiarse del temporal en la cama.
Y pasó la noche de los tiempos y al día siguiente el viento se convirtió, una vez más, en el tema favorito de la cola de la charcutería, dando lugar a películas a cargo de las señoras del tipo " en mi piso se movía la lámpara...". Llamadme escéptica pero aquello fue un temporal, no el terremoto de San Francisco...
En fin, destrozos varios, cortes de luz y mucho caos. No es de extrañar, estamos en lo más crudo del crudo invierno.

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1 comentario:
La noche era muy poética, no me lo niegues. Eso sí, espero que tarde en repetirse y que este sábado no pase lo mismo!!!
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