jueves, 22 de enero de 2009

El advenimiento de Obama


Lo de los últimos días con la investidura de Obama ha sido de auténtica locura colectiva. Desfiles, bailes, modelitos, protocolos, frases grandilocuentes, demostraciones amorosas... No puedo negar que yo también me dejé arrastrar un poquito por la fascinación del acto de proclamación ya que nadie mejor que los yanquis para montar espectáculos con aires cinematográficos (cuando el monstruo-coche presidencial recorría la avenida Pensilvania con sus guardaespaldas escoltándolo, creía que iba a salir de un momento a otro Clint Eastwood en plan En la línea de fuego ).
Al margen de que el nuevo presidente transmita carisma, ilusión y ganas de trabajar, ahora le queda la prueba más dura que es la de deshacer los desaguisados varios que Bush le ha legado (Guántanamo,Irak, Afganistán,la crisis económica, las maltrechas relaciones exteriores...). Obama tiene mucho camino por delante y una gran losa: cumplir las expectativas que sobre él se han generado. Éstas son tantas y tan elevadas que puede acabar sucumbiendo a la presión que supone tener depositadas sobre él tantas esperanzas de millones de personas.

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