
El nobel de economía Edmund Phelps es famoso por haber tratado en profundidad la teoría de las expectativas inflaccionistas, la cual dice que cuando la gente cree que los precios van a subir, pide aumentos de salarios con lo que las empresas incrementan también los precios. Todo ello contribuye a una disminución del consumo.
Algo así nos está pasando en la actualidad. Si bien es cierto que atravesamos por una crisis económica con todos sus clásicos ingredientes (un poquito de caída en las ventas de los coches, una pizca de tensión inflaccionista y un buen puñado de desempleo y morosidad, sin olvidar el ingrediente secreto de la hecatombre inmobiliaria) creo que hay algo de psicológico en la crisis que estamos atravesando. Opino que, aunque su existencia es innegable, no es tan grave como la pintan o al menos no hemos llegado todavía a los niveles de 1973, aunque el precio del petróleo sea escandaloso. Sin embargo, el hecho de que desde los medios se nos esté bombardenado continuamente con la idea de la recesión provoca el pánico colectivo y que la gente no sólo deje de ir a comprar coches o casas, sino que también prescinda de ir al cine o a tomarse un café.
Los ministros de economía y expertos financieros deberían de llamar a la calma y exponer la realidad con la mayor claridad posible ya que el rebaño de pobres curritos de a pie estamos realmente preocupados. Además, el hecho de los bancos ganen menos dinero con sus abusivas hipotecas no quiere decir que eso nos tenga que llevar a los demás a la ruina.
En el nombre de Phelps, un poquito de responsabilidad.

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